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DICIEMBRE DE 2007
 
 

OPINIÓN

Un mal año para el cine argentino

Por Héctor Olivera. Para LA NACIÓN.
Viernes 14 de diciembre de 2007.
Publicado en la Edición impresa.

 

El año que termina ha sido muy malo para el cine argentino. Se han estrenado más de ochenta largometrajes y sólo unos pocos serán recordados por su nivel artístico o su éxito de taquilla, a todas vistas de calidad y comercialidad inferior a los de años anteriores.

En este annus horribilis se han hecho más evidentes dos problemas que aquejan a nuestra actividad: los productores y directores que realizan un cine que podríamos llamar "industrial" no han acertado con lo que el público deseaba ver. Los realizadores de películas "no industriales" han insistido con un cine que es rechazado por nuestro público.

Reconozco que ambos calificativos no son certeros pero no se me ocurren otros y no utilizo el término "cine comercial" porque todos pretendemos tener un éxito de taquilla, pero eso no está en nuestras manos sino en la decisión del público. Llamo cine "industrial" al que -acertadamente o no- realizado por productores o empresas productoras y directores con trayectoria que, sobre la base de guiones profesionales, con elencos conocidos, invierta su dinero, cumpla con todas las exigencias legales, fiscales y sindicales, y que, para poder recuperar su inversión, estrene en un número razonable de salas con una costosa campaña publicitaria que le permita competir con las películas extranjeras. Estamos hablando de costos de producción y comercialización que no bajan de los tres millones de pesos pero que pueden subir mucho más. Este cine, a mi juicio, es el que está hoy más desprotegido porque ante un fracaso de boletería -que es lo habitual- la pérdida es enorme. En este sentido, la política cinematográfica actual ha sido mezquina cuando comparamos que hace quince años el Instituto Nacional de Cine daba créditos de hasta $ 875.000 y hoy el tope es de $ 700.000 cuando los costos se han triplicado. A esto se suma que en esta actividad el IVA compra es del 21% y el IVA venta del 11%, ello debido al impuesto del 10% destinado al Fondo de Fomento Cinematográfico. Para estas películas, salvo éxitos de taquilla más que extraordinarios, este impuesto es recuperable sólo en un ínfimo porcentaje. Por último, todo cine "industrial" se basa generalmente en lo que en Hollywood llaman el star system y señalo que en nuestra industria hay apenas un par de intérpretes que podrían considerarse taquilleros pero que tampoco dan garantía de serlo en todos los casos, así como tampoco los directores que, por más afamados que sean, den alguna seguridad en la boletería.

Lo que llamo cine "no industrial" es aquel de magro presupuesto, generalmente realizado por directores noveles, grabado en soporte video, con un equipo técnico reducido y con un elenco desconocido. La gran mayoría de estas obras recibe el apoyo financiero del Instituto para ampliar de soporte video a película 35mm, procesar unas pocas copias y estrenar a lo sumo en cinco pantallas.

El criterio imperante hasta hoy era que la legislación cinematográfica no permitía al Incaa subsidiar obras que no fueran estrenadas en cine y en 35mm. Sin embargo, recientemente el Instituto ha apoyado financieramente dos series televisivas, Vientos de agua y La historia de América latina , por lo que suponemos que existe el soporte legal que le permitirá al organismo fomentar la realización de obras en soporte video, idealmente digital o de alta definición, que primero se exhiban en salas equipadas con videoproyección y después se exploten en DVD y televisión. Con este sistema, el Instituto no se verá obligado a hacer una gran inversión en ampliar decenas de obras videográficas, procesar copias y subsidiar salas de cine por exhibir películas, algunas muy meritorias por cierto, pero destinadas a un público muy selectivo y cuyo rotundo fracaso de boletería contribuye a la sensación de un cine argentino en decadencia. Este sistema también solucionaría otro problema: de los ochenta largometrajes estrenados este año, veintitantos son documentales, en general muy interesantes para una duración de cincuenta minutos pero que resultan tediosos y reiterativos cuando se los alarga a ochenta. En ninguna cinematografía se hacen tantos filmes documentales para ser estrenados en cine, pero sí se realizan para su destinatario natural: la televisión.

Y, sobre todo, es necesario rever la política cinematográfica en materia de fomento estimulando la realización de una mayor cantidad de películas que pretendan calidad artística pero que por lo menos sean atractivas para un público mayoritario al que le den un buen entretenimiento, que es lo que hoy ese público busca y encuentra en la producción extranjera, en particular norteamericana. Es decir, el público compra masivamente un producto importado cuyas regalías van a parar al exterior. Esto es incongruente con la política oficial que se remonta a 1948, cuando se estableció un impuesto que perdura y que es el que paga el pueblo argentino cuando va al cine y desde 1994, cuando alquila o compra un DVD o, indirectamente, a través de la tasa que pagan al Comfer los canales de televisión. El serio rechazo del público cinematográfico a nuestras.

 
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